28 de octubre de 2012

Retomando viejos hábitos

Hola, vengo a contar que me deprime inmensamente el hecho de que haya terminado la serie Dr. House.
Y sí, a riesgo de sonar como una pendejita fanática, admito que me está doliendo más de lo que debería entonces acá va mi explicación.
Siempre me sentí muy identificada con House porque realmente, mas allá de todo, él sólo contaba consigo mismo para solucionar las cosas, el hecho de que no tenía amigos y que la mayoría de la gente lo odiaba, el de que estaba más sólo que nadie, el ser malinterpretado por todos, esa amargura constante que siempre sentía, que es como un vacío que no te deja vivir y el esfuerzo que hacía para no ser arrastrado por ello, y el dolor que te causa saber que no pertenecés a ningún lugar.
Mas allá de todo esto hay otra cosa con la que siempre me identifiqué y es que House es bueno, más de lo que debería. Puede que de la lengua para afuera dijera lo peor, pero siempre se termina sacrificando por el bien de otros, incluso si eso significa quedarse con el corazón en la mano. Lo malo es que la gente prefiere que les endulcen los oídos, y no tienen en cuenta estas actitudes.

Más allá de todo, mi época depresiva terminó. Ahora soy una persona mucho más alegre, aunque cueste creer. Por ende el final de House es más simbólico todavía de lo que hubiera esperado.

El universo actúa de formas misteriosas -dejá la droga Camila-


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